martes, 8 de marzo de 2011

TESTIMONIO

Tenías, amigo Dourdil,
el don divino
de tu misión salvadora
de animales y plantas.
Adorabas los bosques
perdiéndote en alabanzas
te has ido sin llantos,
brillando en valentía.
Dejando un halo de tristeza
y de gran melancolía.
Miraré al horizonte
y te veré luchando,
entre colores día a día
y, al final un coro
de bellos pájaros
y elegantes águilas
felices porque tu manos
pusieron el tesón de la defensa
en la dura tarea de la ecología.
Tu noble corazón con rumbo fijo
no pudo seguir la salvación,
pero dejó la simiente en flor
volando con fuerza por el alba.
Llegando tu luz con perfume de albahaca.







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